Creo que ahora es un buen momento después de las fiestas Navideñas para hablaros de la gordura.

Hace unos días una buena amiga me dijo que alguien le pidió si conocía a alguna nutricionista que trabajara también la parte emocional y que tuviera nociones de alimentación vegetariana, ya que ella lo es. Mi amiga le remitió a mí. Cuando vio mis fotos en la web, en Facebook o no sé por dónde más, le dijo a mi amiga que no creía que yo la pudiera ayudar porqué estoy gorda.

Click here to learn more

No es la primera vez que me pasa, aunque os aseguro que la primera vez que me pasó me quedé de piedra.

Si me pusiera a contar todo el trabajo personal que he hecho, me da la sensación que sería para justificarme y para nada es mi intención justificar mi aspecto físico. Tampoco os voy a decir que estoy súper contenta con estar gorda, porqué no es así, de hecho es un aspecto de mí que me estoy trabajando de forma profunda porqué me quiero y me quiero sanar, así que he pensado que qué mejor manera de sanarme que contando mi experiencia.

La gordura de una persona tiene que ver con muchos aspectos, no solamente con lo que se come, aunque evidentemente es importante.

La gordura tiene que ver principalmente con el amor a uno mismo. Amarse a uno mismo es poder mirarse con ternura, con compasión, es haber acogido a los padres y aceptarlos en todo su ser, amarse a uno mismo es aceptar que el mundo a veces es hostil y a veces es amoroso y sobretodo, amarse a uno mismo es poder ir por el mundo con el corazón y dejar de protegerse quitando todas las capas posibles (de grasa) y mostrarse a los demás tal cual somos.

Este no es un trabajo exclusivo de los que estamos gordos, es un trabajo de todas las personas que quieren amarse a sí mismas, pero entonces, como es que hay personas que son gordas y otras no?

Primero quiero puntualizar que estoy hablando de las personas que somos gordas desde que tenemos memoria.
En mi caso, cuando tenía cinco años iba con mis padres y hermanos por un pueblo costero (Calella) en pleno verano y saliendo de una terraza donde habíamos merendado, me despisté y me perdí entre una multitud de extranjeros que pasaban en ese momento. De repente me encontré sola en medio de una calle desconocida sin ninguna referencia. Unos señores franceses me vieron llorando y me llevaron a su hotel mientras llamaban a la policía para avisar que me habían encontrado. Con todo el susto del mundo en el cuerpo me sentaron delante de la televisión y me dieron un helado.

Por un lado la televisión – también llamada “la caja tonta”- me ayudó a abstraerme de la situación de peligro y miedo que estaba viviendo y por otro el helado me proporcionó una dosis de tranquilidad en forma de azúcar.

El azúcar tiene dos efectos importantes: por un lado nos proporciona placer, ya que se activa en el cerebro un sistema de recompensa a través de la dopamina y por el otro, la serotonina, nos da la sensación de bienestar que en mi caso me ayudó más aún a poder desconectar de la sensación de miedo que estaba viviendo.

Pues bien, ahí, en ese momento mi cerebro relacionó el alivio de comer azúcar con el no sentir el miedo y se creó un patrón inconsciente que en experiencias de miedo posteriores que viví de pequeña, hicieron que el patrón se asentara y funcionara como una reacción inconsciente.

Esto quiere decir que durante toda mi vida, cada vez que he vivido una experiencia de miedo, mi reacción era comer para no dejarme sentir esta emoción, porque cuando viví la experiencia de perderme a los cinco años, la sensación que me dio el helado me protegió de la desesperación de encontrarme sola en el mundo.

Este fue el principio del patrón que a lo largo de los años fue reforzado por otros aspectos y creencias limitantes relacionadas con la alimentación y los hábitos alimentarios, como por ejemplo que “no se puede dejar comida en el plato” y una dificultad tremenda (que por suerte ya he podido reconducir) a no saber darme cuenta de la sensación de hambre, ya que la confundía con cualquier sensación corporal que tuviera en el estómago (nervios, estrés, e incluso aburrimiento).

Es curioso porqué hace ya unos años, cuando hice mi proceso de cambio de alimentación y me adelgacé un montón, me encontré con que no supe estar delgada, no pude sostener que todo el mundo se fijara en mí, que me dijeran que guapa que estaba, parecía que el suelo se tambaleaba a mis pies, yo no entendía nada y tuve que engordar de nuevo.

El poder darme cuenta de donde viene mi patrón inconsciente con la comida me ha dado un descanso enorme porqué lo único que tengo que hacer es aceptar que he vivido toda mi vida con un patrón que me creé para protegerme.

Ahora ya he vivido la experiencia de estar delgada, he vivido una experiencia de visibilidad, porqué una de las vivencias de estar gorda es que nadie se fija en ti, decantamos la responsabilidad de ser personas autosuficientes y responsables de nosotros mismos, porqué detrás del estar gorda hay también un posicionamiento en el victimismo, en el “pobrecita de mi” en el cual nos aferramos como un clavo ardiendo, porqué nos cuesta horrores salir de este infierno ya que está todo en nuestro subconsciente y hay que hacer trabajo previo para llegar a poder ver todo lo que cada persona lleva detrás de su gordura.

Hoy me doy las gracias por el amor que me tengo y que me ha hecho perseverar en mi camino de auto conocimiento.

Justamente el otro día que estaba hablando de esto con mi pareja, me dijo: a mi maestro le pasó algo parecido, le dijeron que como podía ser que siendo un maestro en lo espiritual estuviera gordo y él contestó; “Tengo el cuerpo que tengo porqué mi alma lo ha escogido para poder hacer los aprendizajes que tengo que hacer en esta vida”

Si yo no hubiera creado el patrón que creé de pequeña seguramente no habría hecho todo el trabajo con la alimentación que he hecho y por ello doy las gracias, porqué puedo ayudar a otras personas con sus dificultades con la alimentación.

Amo mi trabajo y me amo haciéndolo. Con él puedo llegar a las almas de las personas que me piden acompañamiento y/o ayuda. ¿Qué más puedo pedir?

Hago un trabajo de retroalimentación, me sano sanando a las personas que confían en mí y por ello doy las gracias y no me cansaré de hacerlo.

Es así como paso de la gordura a la ternura.

Si tienes alguna duda o quieres simplemente hablar de tu caso conmigo, estaré encantada de escuchar tus palabras.

Saludos sanotes!

Violant Flores

Terapeuta Nutricional
Te acompaño a vivir la alimentación desde el cuerpo, en lugar de vivirla solo desde la mente. más info

Latest posts by Violant Flores (see all)

Pin It on Pinterest