Algunos de mis clientes han llegado a mí preguntándome si les podía hacer una dieta. Mi respuesta habitual es ¿para qué quieres hacer dieta?

Según mi experiencia cuando alguien pregunta por una dieta normalmente es para adelgazar y en este caso no funciona, así es que les digo que no, que no les voy a hacer una dieta, que yo no trabajo desde ahí, que yo trabajo desde los cambios de hábitos alimentarios.

Hacer “dieta” es cambiar hábitos alimentarios de forma temporal y de forma forzada durante, quince días, un mes, tres meses…nadie aguanta mucho tiempo haciendo una cosa que en realidad no quiere hacer, porque para mí, cuando se hace una dieta no hay voluntad real de cambio, se quieren los resultados, pero no se quiere dejar de comer fritos, o beber alcohol, crea ansiedad y estamos esperando el momento en que ya la podemos soltar.

Las personas que de manera más habitual van haciendo dietas, prueban ayunos, usan productos milagro “quema grasas” lo hacen para controlar su cinturón, si les abrocha o no, para rebajar o cambiar lo que estéticamente no les gusta de su cuerpo y para sentirse mejor y gustarse.

En realidad no saben qué hacer, están perdidos con tanta oferta de productos, dietas milagro, dietas sin milagro, pastillas quema grasas, batidos, tratamientos que me harán adelgazar.

Ahí no hay responsabilidad en lo que uno hace.

Esperamos a que nos lo solucione otro, un nutricionista, un médico, un farmacéutico, un terapeuta, hasta buscamos que nos lo solucione internet.
La responsabilidad de lo que comemos es de cada uno de nosotros, los profesionales ayudan y acompañan.

Quererse mantener en un peso y gustarse a uno mismo es sano, lo que quiero decir es que algunas personas mantienen una razón de desequilibrio entre su manera de comer y los resultados que obtienen y es esta manera de relacionarse con la alimentación es lo que necesita ser mirado, ponerle conciencia. Mirarse hacia adentro en vez de mirar hacia afuera.

Lo importante es desde donde lo hacemos, que motivación hay y si tenemos en cuenta el cuidarse y no maltratar más a nuestro cuerpo.

Esta dicotomía “dieta sí, dieta no” hace que -bajo mi punto de vista- se cronifique esta relación que algunas personas tienen con su alimentación y cuando digo se cronifica, me refiero a que se perpetúa una manera de hacer que habitualmente nos aleja de la salud.

El modo en que comemos no es una singularidad que aparece sola o nos la encontramos en la vida, es todo un conjunto de creencias y aprendizajes forjados habitualmente en la infancia, es una manera de relacionarnos con nuestro entorno, nuestra familia, amigos, relaciones laborales… cómo ponemos los límites y cómo escogemos lo que queremos para nosotros…, Todo esto hace que nos adaptemos a esta manera de hacer como única -ya que es la propia- y la mantengamos, siempre y cuando nos siga funcionando. ¿Y cuándo nos deja de funcionar? Pues cuando seguimos haciendo lo mismo de siempre y eso mismo nos lleva a una situación de enfermedad, de rigidez o de malestar con nosotros.

Las tendencias alimentarias y las tendencias de estilos y moda relacionadas con el cuerpo tienen un peso enorme cuando decidimos que es lo que comemos, si hacemos dieta, el objetivo de esta dieta y el momento de hacerla. Un ejemplo seria la conocida “operación biquini”.

Esta “operación biquini” no es más que un intento de querer arreglar en quince días o un mes estas actitudes que tenemos como hábitos muy definidos y que seguiremos teniendo a lo largo de nuestra vida si no queremos cambiar nada y así, somos capaces de hacer verdaderas barbaridades para conseguir que los pantalones del año pasado – o de cuando teníamos quince años- nos sigan entrando. Pretendemos “arreglar” en quince días el estropicio que llevamos haciendo todo el año y cuando se nos pasa el verano, volvemos otra vez a las andadas.

Así el hábito no desaparece. Así no hay cambios.

Cuando dejamos de hacer el esfuerzo de hacer dieta volvemos a comportarnos como siempre, porque “ya no estoy a dieta” y hago de nuevo lo mismo que hacía antes.
Esto es un círculo vicioso que se puede resumir en ciclos: Cada cierto tiempo hago dieta porque me he engorado mucho y hago una dieta que habitualmente me hace perder mucho peso en un tiempo récord, estoy un tiempo tan contento/a y poco a poco vuelvo a recuperar lo que había perdido, recuperando seguramente el doble de peso. Y vuelta a empezar, aunque ahora ya tengo que perder más peso que la última vez porque he ganado más quilos.

Con esta dinámica que veo a menudo, la persona se vuelve una esclava de las dietas y pierde la sensación de satisfacción con la comida, porque está pensando en cuántas calorías o cuantas grasas tiene un plato que le gusta mucho o simplemente no se come algo que le apetece “porque engorda”. Si engordar quiere decir que tiene calorías, TODOS los alimentos engordan, porque todo alimento está compuesto por lípidos, carbohidratos o proteínas en proporciones diferentes dependiendo del alimento, por lo tanto, todos los alimentos tienen calorías, excepto el agua, que no aporta calorías.

Como no podemos vivir solamente de agua, nos toca aprender una manera de alimentarnos que nos aporte todos los nutrientes que necesitamos y la energía necesaria para poder hacer nuestras actividades diarias y esto no es hacer dieta, es hacer un cambio de hábitos alimentarios, aprender una manera nueva de comer para poderme sentir bien conmigo mismo/a.

Hacer un cambio de hábitos alimentarios requiere mucha paciencia con uno/a mismo/a y hay que entender que lo más importante es aprender a querernos y estar abiertos a hacer cosas diferentes.

Si tengo unos hábitos que me dificultan, que los resultados son que no me gusto, entonces tengo dos opciones: Seguir igual, seguir haciendo dietas cada cierto tiempo, tirar dinero en productos milagrosos (porque siento decirte que los milagros en alimentación no existen), o hacer un planteamiento serio:

Si quieres resultados diferentes, deberás empezar por hacer cosas diferentes.

Y hacer cosas diferentes quiere decir tomar conciencia de lo que hago para poder decidir qué es lo que quiero cambiar.

Hacer un cambio de hábitos alimentario no es seguir unas pautas dietéticas y genéricas que sirven para todo el mundo, es poner atención a qué hago cuando como, cómo lo hago, que me pasa si como y estoy sintiendo tristeza o rabia…, no es comerme las piezas de fruta al día que pone en la pirámide alimentaria, es mirar que le sienta bien a mi cuerpo, que alimentos me producen gases, que alimentos me hacen sentir con energía, como me siento después de haber comido en exceso y como es que no he podido poner el límite de decir basta cuando he sentido que mi estómago estaba lleno ¿O es que ni me he dado cuenta que tenía el estómago lleno?

Poner conciencia quiere decir darme el permiso para aceptar que hay cosas que hago que no me sientan bien y yo las sigo haciendo.

Poner conciencia quiere decir que me responsabilizo de mi manera de comer y que esto me conllevará unas consecuencias, que si se dan en un espacio de tiempo muy largo, puede llegar a derivar en una enfermedad o lo contrario, me aportará salud.

Poner conciencia significa verme, mirarme y poderme relacionar conmigo desde el respeto y amor a mí mismo/a.

Poner conciencia es el primer paso para poder ser libre, salir del círculo que me hace estar siempre en el mismo sitio.

Poner conciencia es un camino de cambio, de invertir en mi salud con amor y paciencia hacia mí mismo/a.

Sentarse con uno/a mismo/a y escucharse es una buena opción antes de hacer nada.

Hazte preguntas, ¿qué quieres para ti? ¿ Qué te dificulta, que te cuesta? ¿ Qué miedos tienes? ¿ Cómo quieres sentirte?

Que alimentos te sientan bien y que alimentos te sientan mal, sin hacer caso de lo que debería ser, escucha tu cuerpo.

No te limites con pensamientos de “no puedo”, “no sé”, “ahora no es el momento”… este tipo de pensamientos ayudan a no mover nada y ya te los conoces.

No te creas todo lo que te dicen, léete los ingredientes de lo que compras y escoge alimentos lo menos procesados posibles y de buena calidad. Lo que hoy inviertas en alimentos de calidad, te lo ahorrarás mañana en medicamentos.

Haz la compra con una lista de lo que realmente necesitas, con planificación.

Nadie ha dicho que cuidarse y ser coherente con lo que queremos sea tarea fácil y hay que aprender a hacerlo.

Un cambio alimentario es un proceso igual que el de aprender a andar, te caes y te vuelves a levantar, luego vas andando con titubeos hasta que coges seguridad y ya puedes correr.

Entonces, que quieres para ti ¿dieta si o dieta no? Tú escoges

Violant Flores

Terapeuta Nutricional
Te acompaño a vivir la alimentación desde el cuerpo, en lugar de vivirla solo desde la mente. más info

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